
El impacto en el medio ambiente de las bolsas de plástico que consumimos es enorme (una persona que viva en España consume de media 238 bolsas de plástico al año) y, además, tardan en degradarse casi 100 años. Sin contar con las tintas de los dibujos y las serigrafías que llevan, que normalmente contienen residuos metálicos tóxicos.
El bioplástico es un polímero fabricado a partir de recursos renovables como azúcares, almidón, celulosa, patatas, cereales, melazas, etc., que se degrada rápidamente, por lo que se puede descomponer y devolver a la tierra como abono. También se denominan bioplásticos algunos productos fabricados a partir del petróleo, pero que son biodegradables y que ya empiezan a comercializarse.
No obstante, hay que tener en cuenta que estos plásticos biodegradables no poseen las mismas características de un plástico normal: no se les puede someter a procesos de moldeo, extrusión, soplado, etc., y además ofrecen una resistencia y rigidez menores, por lo que, hasta ahora, su utilización está enfocada a productos de vida útil corta, por su baja resistencia ante la acción de los microorganismos en aplicaciones que soportan la intemperie.
Entre los beneficios de la utilización de los bioplásticos están: una mejor imagen de los productos elaborados con plásticos, la no dependencia del petróleo, la contribución a la protección del medio ambiente, así como una nueva fuente de ingreso para el sector agrícola que puede sacar rendimiento económico de sus residuos orgánicos.
Aunque los primeros bioplásticos se fabricaron a partir de maíz, soja o avena, en este momento las investigaciones se dirigen hacia el uso de residuos agrícolas y ganaderos, con el fin de no entrar en conflicto con los recursos alimentarios.
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